VIVIR EN UNA CUEVA
Este año ha sido algo extraño para mí. Primero, porque he podido pasar el verano en unos apartamentos al lado de la playa. Estos son muy modernos y siguen las características propias de la arquitectura minimalista. Me ilusionaban mucho porque, aunque eran algo pequeños, eran muy acogedores y perfectos para pasar el mejor verano. No obstante, el verano se acaba y toca volver a la rutina.
Todo sería perfecto si no fuese porque este año tengo que estudiar en Valencia. De lunes a jueves vivo en un piso de estudiantes, un lugar pequeño donde mi habitación es aún más reducida. Los jueves llego de noche a mi querida casa, donde puedo estudiar muy a gusto ya que tengo espacio de sobra para dibujar y estudiar. Sin embargo, mis padres están enamorados del apartamento, por lo que de viernes a domingo tengo que vivir allí.
Llevo cuatro meses viviendo en tres casas a la vez, lo que poco a poco ha acabado con mi paciencia. Un día decidí hablarlo con mi madre y preguntarle: Si acordamos que el adosado era solo para el verano, ¿por qué tenemos que ir todos los fines de semana a vivir allí? Mi madre, muy tranquila, dijo: Es que cuando estoy aquí en casa me siento como si viviese en una cueva. No pude reprocharle porque sabía que tenía razón.
El apartamento juega muy bien con las luces y te hace sentir como si estuvieras al aire libre. Los grandes ventanales que dan al mar, el balcón que conecta con toda la casa y las vistas que ofrece el apartamento son admirables. Todo lo contrario a mi casa habitual, donde paso la mayor parte del día encendiendo luces ya que las ráfagas de sol apenas pueden entrar. Y ni hablar de mi humilde habitación de estudiante, donde ni siquiera hay una ventana para conectar con el exterior.

Parece que llevamos tanto tiempo encerrados en una cueva que ni siquiera nos habíamos percatado de ello. Es como un cristal frágil que no sabes que existe, pero una vez lo piensas, se rompe. Mi apartamento es un claro ejemplo de que la arquitectura está evolucionando y nos conecta más con el exterior.
Todo esto me ha hecho reflexionar sobre como esta experiencia de vivir en tres casas me ha hecho apreciar las pequeñas cosas en las que poca gente se fija. Me ha hecho entender que un espacio bien ventilado y luminoso puede afectar notoriamente en tus estados de animo y tu salud mental.
