Como ya he mencionado en mi reflexión anterior, estas navidades he tenido la suerte de poder viajar a Madrid. Allí he podido contemplar mucha arquitectura, y de lo que voy a hablar aquí es del centro.

¡Qué barbaridad de edificios inmensos hay en Madrid! Yo estoy acostumbrado a Castellón de la Plana, un lugar donde los edificios apenas llegan a las 10 plantas. O eso pensaba yo, porque mientras investigaba un poco, descubrí que el edificio más grande de Castellón llega a 23 plantas, solo tres plantas menos que el edificio más alto de Madrid. Sin embargo, son pocos los edificios que soportan tanta altura en Castellón, todo lo contrario de la capital, donde conforme vas caminando ves un edificio aún más grande que el anterior.

Aún me acuerdo del viaje hacia allí: kilómetros y kilómetros en coche con un sol abrasador que hasta fundía el chocolate en el hierro del cinturón. No fue una agradable sorpresa el camino, la verdad. Pero, ¡menudo cambio al entrar en la ciudad! Los altos edificios tapaban las ráfagas de sol y dejaban un refrescante ambiente, como si la ciudad te diera la bienvenida.

Por último, me encantó ver aquellos edificios emblemáticos como los que hay en Gran Vía, en la Puerta del Sol o en la Plaza de España, que tanto he escuchado en canciones y visto en noticias.

Recomiendo Madrid mucho para ser visitado, pero no estoy seguro de si lo elegiría como sitio para vivir, porque ¡qué barbaridad de gente!

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