No hace mucho, conseguí crear mi primera maqueta. No era ni la más realista, ni la mejor estructurada, ni tampoco la más bonita, pero era mi maqueta. Tras dos días pegando unos 850 ladrillos, mi compañero Iván y yo conseguimos acabar el cruce, esquina y encuentro de un aparejo flamenco, dejando dos huecos para una puerta y una ventana.

Por primera vez desde que empecé esta carrera, sentí que volvía a ser un niño otra vez, como en esos fines de semana largos donde me pasaba todo el día armando legos. Creo que de ahí viene mi amor por la arquitectura.

Sea como sea, me ha encantado la experiencia y quiero volver a repetirla. En mi viaje a Madrid, pude coger unas cuantas ideas de cómo hacer próximas maquetas gracias a un museo de arquitectura donde se exponían.